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Abuso sexual infantil: no hacer nada no es una opción

Hoy hablamos con Maria Loffler, Psicóloga egresada de la Udelar, diplomada en Maltrato infantil.


María se especializa en abuso sexual, área en la que trabaja realizando terapia y valoraciones a más de 200 niños, niñas y adolescentes víctimas de maltrato o abuso sexual.


Hace más de 7 años brinda talleres y cursos dirigidos a educadores, maestras, psicólogos, y otros agentes vinculados a las infancias.


Es mamá de un niño y una niña y divulga contenido relacionado a su área de expertise en su cuenta de Instagram @empatheia__


María también es coordinadora y docente del Diploma en Intervención en Abuso Sexual Infantil de IDEC.



¿Cómo te definís en tu carrera, en tu proceso?


A lo largo de mi camino profesional me he ido especializando en infancias y adolescencias y dentro de ese camino me he encontrado con la temática del maltrato infantil, en lo que tengo un diplomado y me he especializado. También en el área de psicología forense, lo que me ha dado más herramientas para poder trabajar estas temáticas. Y dentro de todo lo que significa el maltrato, uno de los tipos de maltratos con los cuales yo más he trabajado y me he especializado es un abuso sexual contra las infancias y adolescencias.


Es una temática que cuesta mucho abordar, que es muy invisibilizada en nuestro país y en el mundo. Los números son bastantes grandes, es una temática que se desconoce.


También hay muchos mitos y muchas falsas creencias acerca de esta temática, lo que lo hace más invisible aún, y pone muchos obstáculos en los momentos de enfrentarse con ella. Este es el camino vengo transitando hace más de 10 años.


He trabajado en atención directa, en terapia con niños y niñas, y también el área de capacitación; principalmente el área educativa. Porque son agentes que están en contacto directo con niños y niñas, que tienen muchas posibilidades si tienen herramientas básicas de poder detectar, de poder intervenir de forma asertiva.


Porque realizar a veces algunas intervenciones erróneas, puede tener grandes consecuencias y obstaculizar procesos que vienen después. Si tenés conocimientos básicos podés hacer algo, podes cuidar, proteger, no vulnerar los derechos de ese niño, de esa niña, no revictimizar y son cosas muy importantes.


¿Cómo sería la sexualidad normal de un niño, una niña?

A mí siempre me gusta más hablar de esperable o no esperaba, más que de normalidad o anormalidad. Cuando hablamos de sexualidad muchas veces los adultos pensamos que tiene que ver solamente con la genitalidad y lo asociamos al mundo adulto genital. La sexualidad es algo muy amplio, es una palabra que incluye muchas cosas y que está desde el nacimiento, desde antes de nacer, en el niño y la niña. Y es muy importante que pueda desarrollarse de forma saludable en este niño, esa niña.


La sexualidad en la infancia tiene que ver con la exploración del cuerpo, con mirarse, con tocarse. Con mirar el cuerpo del otro, de la otra, poder tener curiosidad en qué es igual o diferente a mí. Y eso qué tiene que ver con el desarrollo esperable.


También la masturbación forma parte del desarrollo esperable. Los niños sienten placer al tocar sus zonas erógenas y eso no tiene absolutamente nada de malo, forma parte del desarrollo sexual completamente saludable. Eso forma parte de la sexualidad, no hay nada más lindo que cada ser humano pueda conocerse.


¿Existen conductas que nos puedan despertar sospechas?


Si, hay conductas que nos pueden alertar o que pueden ser un llamado de atención, que tiene que ver cuando se está representando, imitando o haciendo algo que tiene que ver más con la sexualidad del mundo adulto. Cuando hay algo que no condice con la edad cronológica ni evolutiva de ese niño o esa niña, ya hay algo que nos puede estar llamando la atención.


También puede tener que ver con una masturbación compulsiva, que tiene que ver con que el niño o la niña no puede dejar de tener esa actividad, no puede detener la actividad, por más que se le proponga ir a jugar a otra cosa. No necesariamente eso nos habla de abuso sexual, pero hay que ver qué está pasando con este niño, con esa niña. Son señales para tener en cuenta, después hay que ver qué pasa atrás. En esas cuestiones es importante detenernos.


Y con respecto a una práctica de la sexualidad adulta, ¿qué sería?


Puede ser una representación de una práctica sexual que esté vinculada al mundo adulto. El niño no tiene la capacidad, ni evolutiva, ni emocional, ni cognitiva de poder representar una conducta sexual del mundo adulto si no la vio o no la vivió, entonces cuando hay algo que vemos que no está acorde a la edad es una alerta.


Esto tampoco quiere decir que haya padecido una situación de abuso, simplemente estamos poniendo el ojo para ver qué hay después, porque para hacer un diagnóstico de abuso hay que encontrar varios elementos.


Si encuentro a mi hijo, a mi hija, en una situación en la que dos niños están jugando, se están explorando, ¿cómo podría ser una intervención que no pone la sexualidad en una en un lugar de algo que esté mal?


Cuando estamos observando que hay un tipo de conducta que no corresponde, que está asociado a algo que no tiene que ver con la edad, si se puede intervenir. ¿Qué está pasando acá? ¿Cómo se sienten? ¿Qué estaban haciendo? Se puede intervenir de forma respetuosa, con preguntas que tienen que ver con qué está pasando, pero no desde lo represivo, ni del castigo, sino como para saber, para poder ayudarlos o ayudarlas en lo que están necesitando. Y a raíz de eso se puede hacer una consulta con un profesional, si ese adulto tiene dudas, o prefirió quizás no intervenir en este momento, pero después lo va a hablar con otra persona. O si es una clase y la maestra observa cosas en ese niño, en esa niña, que le llaman la atención. Depende del ámbito lo que se puede hacer.


Por lo general está bueno que si la maestra, educadora, observa alguna conducta que le llame la atención, charlarlo con su equipo, con la dirección, poder hablarlo con las personas con las cuales trabaja, para pensar una estrategia específica para este caso, de cómo intervenir. Lo más importante, es que no hacer nada no es una opción.


Está bueno hacer algo, cada uno de nuestro rol, vamos hasta dónde podemos ir, pero no quedamos sin hacer nada. Me parece que es más peligroso que a veces hacer y equivocarse.


Hacer algo no significa ir hacer la denuncia solamente. Hacer algo significa compartirlo con alguien, “¿vos qué pensás de esto que observé en mi clase?” Eso ya es hacer una intervención.


La intervención no es solamente cuando ocurre algo y tenemos que intervenir terapéuticamente, intervenir tiene que ver con que cada persona en su rol pueda tener una acción.


¿Qué es el abuso sexual?


El abuso sexual es uno de los tipos de violencia más extremos, que deja consecuencias muy grandes y graves. Lo primero que tenemos que pensar cuando hablamos de una situación de abuso sexual es que hay una asimetría en el poder.


Cuando hablamos de poder hablamos de una persona que tiene más conocimientos que otra sobre el mundo de la sexualidad y de la genitalidad, que tiene más capacidad de decir, de poder hacer cosas. Tiene cierto control sobre la otra persona y va desarrollando un montón de conductas de confianza hacia ese niño, esa niña, o hacia su entorno; también queriendo la confianza de todas las personas alrededor y eso hace que pueda seguir avanzando.


La mayoría de los casos son situaciones intrafamiliares, que son progresivas, insidiosas, va actuando lentamente. Y eso hace que el poder en ese sujeto vaya acrecentando cada vez más. Entonces la asimetría cada vez es mayor.



Y algo muy importante que hay que tener en cuenta en las situaciones de abuso, es que no hay un consentimiento por parte del niño o de la niña. No hay un consentimiento, aunque el niño acceda, diga si voy y hago lo que me estás pidiendo, eso jamás se puede asociar a un consentimiento. Porque la única forma de consentir es cuando estamos en igualdad de condiciones, y como no estamos en iguales condiciones y estamos hablando de una asimetría en el poder, no podemos hablar de un consentimiento.


Que muchas veces el caballito de batalla que pueden utilizar algunos agresores, algunas agresoras, para su defensa es “bueno pero el niño me dijo que sí”. Eso no se asocia a un consentimiento.




Si quieres escuchar toda la entrevista con Maria te dejamos el link





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