Herida primal y apego: qué queda en el cuerpo de un bebé cuando no se siente sostenido
- hace 6 días
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¿Alguna vez tuviste un niño en tu sala o en tu consulta que por más que hicieras, nada parecía alcanzar? Un bebé que llora sin parar, que no se calma con el contacto, que duerme mal y se sobresalta con cualquier cosa. O un niño de 3 años que reacciona de forma desproporcionada ante cualquier pequeño cambio.

Antes de buscar estrategias o diagnósticos, hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué vivió ese cuerpo en sus primeros días, semanas o meses de vida?
Qué entendemos por herida primal
El término 'herida primal' hace referencia a las marcas que dejan en el sistema nervioso de un bebé las experiencias tempranas de separación, intervenciones invasivas o falta de sostén emocional. No es un diagnóstico clínico formal, sino un concepto que nos ayuda a entender por qué ciertos niños responden como responden.
Un bebé recién nacido llega al mundo en un estado de extrema vulnerabilidad neurológica. Su sistema nervioso todavía no puede regularse solo — necesita la co-regulación de un adulto. Cuando esa co-regulación no está disponible de forma consistente — porque el bebé fue separado de su madre al nacer, porque vivió intervenciones médicas dolorosas sin contención, porque sus señales no fueron respondidas con suficiente consistencia — eso deja una huella.
Y esa huella no queda solo en la memoria psicológica. Queda en el cuerpo.
Cómo se manifiesta en el cuerpo
Las manifestaciones de la herida primal son muy diversas y pueden aparecer en distintas etapas del desarrollo. Algunas de las más frecuentes en niños de 0 a 6 años incluyen:
Dificultades para calmarse: el niño parece no poder bajar la activación del sistema nervioso aunque el estímulo que la generó ya no esté presente.
Hipersensibilidad sensorial: reacciones desproporcionadas al sonido, el tacto, la luz o los cambios de temperatura.
Problemas de sueño persistentes: despertares frecuentes, dificultad para conciliar el sueño, necesidad constante de presencia adulta.
Dificultades de vinculación: ya sea apego ansioso con aferramiento excesivo, o apego evitativo con distanciamiento emocional.
Rigidez o hiperactividad corporal: el cuerpo como reflejo del estado interno del sistema nervioso.
"El cuerpo guarda la cuenta de todo lo que el bebé no pudo procesar con palabras porque todavía no las tenía."
El rol del profesional en la reparación
Aquí está la parte que más transforma cuando se entiende: la herida primal no es una condena. El sistema nervioso tiene plasticidad. Y las experiencias reparadoras — especialmente en los primeros años de vida — tienen un impacto real en cómo ese sistema se reorganiza.
¿Qué significa esto para vos como profesional? Que cada vez que respondés con presencia y calma a ese niño que 'no se calma con nada', estás siendo parte de su proceso de reparación. No necesitás tener todo claro. No necesitás saber su historia completa. Necesitás estar disponible emocionalmente de forma consistente.
Esto incluye:
Responder a sus señales de forma predecible. La previsibilidad es regulación para el sistema nervioso.
Sostener sin invadir. A veces acompañar es estar cerca sin exigir contacto.
Nombrar lo que sentís que siente. 'Parece que estás muy activado ahora. Acá estoy.' No para que cambie inmediatamente, sino para que sepa que hay un adulto que lo ve.
Apego seguro: el objetivo no es la perfección
Uno de los hallazgos más liberadores de la investigación sobre apego es que el apego seguro no requiere que el adulto siempre haga lo correcto. Lo que requiere es la capacidad de reparar.
El ciclo de sintonía → ruptura → reparación es el corazón del desarrollo del apego. Los adultos que se equivocan, reconocen el error y vuelven a conectar con el niño le enseñan algo fundamental: que los vínculos sobreviven los momentos difíciles.
Como profesional que acompañás infancias, tu capacidad de estar presente — no perfecta — es tu herramienta más poderosa.
Cuándo derivar y a quién
Hay situaciones en las que las manifestaciones de la herida primal son tan intensas que requieren trabajo especializado — psicoterapia infantil, psicomotricidad terapéutica o intervenciones de salud mental perinatal. Algunos indicadores para considerar una derivación incluyen: conductas autolesivas, ausencia total de respuesta al consuelo, regresiones muy marcadas después de los 3 años, o disociación visible.
Tu rol como docente, psicóloga o acompañante no es reemplazar al especialista. Es ser el vínculo cotidiano que sostiene mientras ese proceso más especializado ocurre.
Para profundizar
El Diploma en Primera Infancia de IDEC incluye un módulo completo sobre herida primal y experiencias tempranas, dictado por Melina Bronfman — referente internacional en el tema. Si este artículo te resonó, ese módulo va mucho más a fondo — con marco teórico, casos clínicos y herramientas concretas para tu práctica.

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