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La educación, una búsqueda personal

Entrevistamos a Germán Doin.


Germán es director del documental La educación prohibida (película que recomendamos mucho ver, se accede en el link) e investigador en educación.


En la investigación para su documental, hizo el recorrido por cientos de espacios educativos alternativos en Latinoamérica, y diferentes partes del mundo, en busca de otras escuelas posibles.


Es cofundador del proyecto Reevo, donde se nuclea información de diferentes experiencias educativas alternativas que fue conociendo a lo largo de su investigación.


Durante los últimos 7 años, Germán se ha dedicado a estudiar, acompañar y asesorar a experiencias educativas en su transición hacia modelos alternativos.


También es coordinador de Proyecto C, un espacio alternativo de aprendizaje libre y desarrollo integral en la Ciudad de Buenos Aires.


Germán es docente invitado de IDEC, en la Formación de Pedagogías Activas que inicia el 13 de mayo.



Quería preguntarte, para romper el hielo, ¿cómo era tu escuela?


Yo crecí en la década de los ´90 en Argentina, en el cono urbano de la provincia de Buenos Aires. Fui a una escuela privada de clase media, una escuela que era muy exigente, que tenía un discurso desde la excelencia y demás -como en general suelen tener las escuelas privadas-. Era bastante grande, con 1.500 alumnos en total.


Era una escuela en donde el interés principal estaba puesto en el sostenimiento de la estructura y de alguna manera, a medida que fui creciendo, empecé a ver que no era tanto el bienestar de los alumnos lo que importaba. Que había una distancia muy grande entre el discurso de lo que la escuela manifestaba que quería lograr y lo que pasaba en la práctica. Situaciones que rozaban la violencia, el maltrato verbal; situaciones de humillación… muchas cosas que pasan en las escuelas, que están naturalizadas y que yo empecé a ver más críticamente. Y se volvió mi interés durante la secundaria, ir a observar y criticar la escuela.


¿Y esa visión crítica de la educación, fue también lo que te llevó a embarcarte en una búsqueda a través de toda América Latina y España, de los diferentes modelos educativos alternativos?


En la misma escuela ya me había interesado por modelos diferentes.

Sabía que existían pero nunca había profundizado más de lo que uno profundiza leyendo en Internet.


Luego me apasioné con el mundo del cine, las cámaras y todo eso, y después uní esos dos intereses. Empecé primero buscando experiencias en Argentina y luego me animé a buscar experiencias de otros países: en Uruguay, en Chile, Perú, Ecuador, Colombia, España y eso fue dándole forma al documental.


El cine fue un lenguaje que te ayudó a llegar a muchos lugares, recorrer, conocer, registrar y también conformar la red Reevo, donde se plantea un mapa con las diferentes alternativas educativas en muchos países del mundo…


Cuando nosotros terminamos La educación prohibida fue un impacto muy grande, de muchísima repercusión. Y ahí anticipamos, ¿qué va a pasar después con esto? Y una de las cosas que pasó, fue recibir miles y miles de correos electrónicos -en el año 2012- preguntando dónde encontrar una escuela así en sus países, ciudades, provincias. Y entonces nosotros lo que armamos fue Reevo, un mapa de experiencias educativas alternativas.


Y yo coordiné ese proyecto durante varios años, dónde nos dedicamos a registrar y a buscar experiencias de este tipo. También a ampliar el mapa conceptual de experiencias; hasta el momento que hicimos La educación prohibida para la gente las alternativas eran Montessori, Waldorf y nada más. Entonces empezamos a abrir el mapa e identificamos decenas de modelos distintos. Y también a producir teoría al respecto: estos modelos existen, cómo se marcan, cómo se categorizan. Entenderlos, mirar cómo funcionan, entender qué dificultades tienen, tanto en el campo de lo pedagógico como en el campo de lo político. Y también a seguir el fenómeno de la educación alternativa en términos geopolíticos, qué países son más favorables o más permeables.

¿Encontraste un modelo educativo que dijeras, “es este”?


Diría que me fui enamorando y desenamorando de diferentes modelos. Al comienzo me pasaba más seguido, iba a un lugar y decía “acá quiero traer a mis hijos”, e iba a otra escuela y era “ah, no, acá”. En esa recorrida fui enriqueciendo cada vez más el contenido de lo que imaginaba podía ser una escuela perfecta.


Con el tiempo me di cuenta de que no existe tal cosa, de que en realidad una escuela es ideal en tanto se pueda adecuar a las necesidades físicas, psíquicas, biológicas, sociales, comunitarias, políticas y de esa comunidad, en ese momento dado y en ese territorio.


Y ahí creo que está uno de los mayores descubrimientos, que no están en la película, no es que la escuela sea mala o sea un problema, es que la estructura es muy poco adaptable a las necesidades particulares de los diferentes contextos. Entonces en la medida en la que la escuela es más adaptable nos encontramos escuelas públicas fascinantes y hermosas; en la medida en que la escuela se adapta menos a las necesidades, nos encontramos con bloques de concreto.


Eso mismo también pasa en la educación alternativa. Cualquier modelo educativo puede cometer el error de creer que es para todos y todas, en cualquier momento de la humanidad, en cualquier lugar del planeta. Y creo que esa es la trampa, que en la medida en que un modelo sea menos modelo y más inspiración puede convertirse en ideal en cada lugar y va a ser muy distinta su aplicación en un lugar que en otro.



Si quieres escuchar la entrevista completa con Germán, te dejamos el link al podcast.




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